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Leer POEMAS de  "Poemas 1997-2000"


en el supermercado la cajera
con su uniforme rojo me pregunta
¿consumidor final?
yo contesto que sí
y pienso ése soy yo,
el último consumidor,
el último eslabón de la cadena,
carnívoro final pesificado,
el último testigo del derrumbe final,
el que se come a todos los demás,
el que se comió lo que quedaba (...)

“La especie humana”, dijo T.S. Eliot, “no tolera demasiada realidad”. La apuesta poética de Pedro Mairal en este libro, sin embargo, es lograr que todo el peso y la gravedad del mundo cotidiano sean fuente de versos que, describiéndolo en todos sus detalles, no dejen fuera la poesía. Así, Consumidor final (escrito entre 1997 y 2002) es una puerta de salida del “poeta cósmico” por la que entra el “poeta de edificio, poeta de ascensor” decidido a decir la verdad en un lenguaje descarnado y módicamente figurado, convirtiéndose en crónica de una mirada cuyo modelo (a pesar de todo) vivo –la palabra poética- emerge incólume tras poner los pies sobre la tierra, más anfractuosa que nunca, de la realidad argentina.

bajo la luna nueva




INDICE

Todos los días
Peluquería
Un durazno


[UNA NOCHE CON...] [HOY TEMPRANO] [TIGRE COMO...]





































TODOS LOS DIAS

Los ojos reencontrados
al fondo de la taza, los bolsillos,
los platos, la vergüenza,
la sombra gris debajo de la ropa,
el olor a colonia dejado en ascensores,
los gritos de algún coito que se expanden
como palomas grises, por terrazas,
por huecos de aire y luz hasta las oficinas,
la gente que se baña entre azulejos,
que despierta en el subte reclusa de repente
con sólo abrir los ojos,
la gente vinculada
por sucios, infinitos cables negros,
hablando por teléfono de todas sus mascotas,
de parientes adentro de un quirófano
gente cavando un pozo en el asfalto,
buscando cañerías como venas,
gente llena de sueño, de silencio,
con miedo a despertar la historia mal dormida,
gente usando el idioma como un cuchillo oscuro,
un cuchillo gastado, pelando una manzana,
gente que huele a barro crecido de provincia,
que reza con violencia y en la noche
prende hornallas azules.





































PELUQUERIA

En la luz del espejo
le están cortando el pelo al que yo soy.
La gran tijera que recorta el día
roza la yugular, roza la nuca
con el frío metálico de un arma;
y el que yo soy me mira porque sabe,
porque tiene al revés el corazón.
La voz del locutor
anuncia una jugada peligrosa,
el peluquero mira a la pantalla,
(su equipo va perdiendo)
me hace una pregunta,
yo me miro decir que no me gusta el fútbol,
miro cómo me crecen las orejas
y en el humor helado,
la tijera me susurra su tajo.






































UN DURAZNO

Morder el verano,
morder el sol entero
por 1,80 el kilo.
Este durazno recién llegado a casa
fue apenas sueño de árbol escondido
alentado por el fertilizante,
después fue flor y fruto verde solo
protegido de plagas y de heladas
por cinco pesticidas,
engordado por lluvias y riego por goteo,
cosechado por Pablo Luis Ojeda
oriundo de Río Negro
que tumba en un colchón de gomaespuma
su cuerpo dolorido cada noche.
Cargado en un camión que avanza bajo el cielo
maduró este durazno con el viaje,
después llegó al mercado,
atravesó las mafias,
fue a parar a una cámara de frío
que le fijó el color
y lo detuvo durante cuatro meses
cerca de San Cristóbal
hasta que lo compró Supermercados Disco,
y lo llevó a la sucursal 14
sector verdulería de autoservice
donde yo lo elegí, lo embolsé, lo hice pesar
lo tiré en el carrito
al lado del pan Fargo, las pechugas,
junto al Skip Intelligent y el queso,
lo llevé hasta la caja, le leyeron
su código de barras,
lo pagué, lo reembolsé con naylon,
lo traje caminando hasta mi casa
cruzando la avenida,
bordeando el hospital,
entre ciegos, cirujas, policías,
lo subí en ascensor
y llegó a la mesada de mármol sin golpearse.
Entonces lo libré de las dos bolsas,
le lavé el pesticida en la canilla,
le lavé todo el cansancio del camión, el humo,
la noche de las manos de Pablo Luis Ojeda,
le saqué la etiqueta de la marca
y lo mordí con ganas de matarlo,
lo asesiné con dientes, mandíbulas y lengua
y apesar de la química, de la distancia muerta,
a pesar de la larga cadena intermediaria,
me encontré allá en el fondo de su sueño amarillo
con esa flor primera que perfumaba el viento.




Fragmento del libro "Consumidor Final", de Pedro Mairal.
Publicado por Bajo la luna nueva, Buenos Aires, 2003.